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    De la suba del dólar, tormentas y verdades de siempre

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    Una mirada imperfecta para entender lo que pasa. Seguramente incompleta. Una reflexión sobre algunas verdades a las que uno se aferra, más que nada por la cantidad de papeles pintados.

     Lo último que me enteré ayer lunes fue que Luis Caputo, el presidente del Banco Central, dijo que el objetivo es normalizar el sistema financiero. Lo que uno se pregunta es cuántas cosas juntas tenemos que normalizar para estar más o menos bien. Queda flotando en el aire.

    También uno se entera que los densos nubarrones mundiales y la tormenta en Turquía desatan en Argentina una especie de tormenta perfecta con la alta presión que provocan nuestros líos domésticos de siempre y los nuevos, como el ventilador de la corrupción en máxima potencia salpicando consecuencias incalculables.

    Y para no complicarse más todavía, uno se aferra a las verdades probadas, con lo cual la situación a la que llegamos este martes se debe a que nadie quiere pesos y todos queremos dólares. Lo demás es cartón pintado.

    Entonces es solo un dato más, casi previsible, que el dólar saltara nuevamente hasta la estratósfera, visto desde la pobreza y desde el empobrecimiento de cada uno.

    Dólar minorista que terminó en 30,68, dólar mayorista en 29,92, centavos más centavos menos, y en medio del tormentón, con los técnicos fondomonetaristas que justo pasaban por Buenos Aires, el gobierno decidió no vender más dólares del Tesoro, sabedor que no le alcanzarían para tanta demanda, el Banco Central subió la tasa de referencia alta del 40% a la más alta del 45%, mientras que los bancos se prestaban entre sí al 60, para ir calculando como habrá quedado la tasa para descontar cheques o el descubierto.

    Pero fue el anuncio que hoy el Central venderá 500 millones de dólares de sus reservas para abastecer la demanda de verde, lo que hizo que no cerrara en valores más alto, es decir que recortara algo de la suba.

    Finalmente, entre los anuncios, se cuenta el reordenamiento de las Lebacs. A partir de ahora, el monto a ofrecer en cada nueva licitación deberá ser menor al que vence y no podrán suscribirlas los bancos, con lo cual se desarmaría la bomba de tiempo de las Lebacs con las reservas que son altas, pero también ficticias.

    Ingeniería de juguete como para que no se note tanto, lo que finalmente notamos todos: somos pobres y vivimos de prestado. No tenés tantas reservas si tenés tanta deuda.

    La bolsa argentina sigue bajando y las empresas argentinas pierden valor al vertiginoso ritmo del intento de destape de corrupción, ni hablar las que venían prendidas a las tetas del Estado.

    Y ya no extraña ni es sorpresa tampoco que los papeles donde se anota el fiado argentino, los bonos, sigan perdiendo valor y que el riesgo país, medido por los que no están en el país, alcanzará ayer casi 750 puntos.

    Completando el panorama de ayer, la soja subió de rebote en Chicago, precios de ocasión después del resbalón del 5% el viernes y en Rosario saltó a ocho mil mangos redondos detrás de la suba del dólar criollo.

    Como te decía, uno se aferra a las verdades probadas, las de siempre, después de habernos creído tantos inventos y espejitos de colores, reconozcámoslo sin ponernos colorados.

    Entonces, salvo que aparezca algo nuevo, nunca se sabe, sopecho que la cuestión para Dujovne, Caputo y compañía es ver que lleguemos a fin de año lo menos chamuscados posibles, hasta que por ahí por diciembre comiencen a entrar los dólares del trigo que ya se apresurán a contar los muchachos de la City en unos 4 mil millones de dólares, siempre y cuando los planetas estén en línea en la fábrica de dólares a cielo abierto.

    Y no solo cuentan los verdes del trigo, sino que comienzan a relojear los de la soja y del maíz, y de todo bicho que camine y que pueda ir a parar al exterior.

    Por Eduardo Mario Costamagna

    Publicado el 13/8/2018

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