Primer paro general en diez años: mejor tomarlo como advertencia

Más que caer en las eternas discusiones acerca del nivel de acatamiento, acciones de piquetes, presiones, aislamientos, adhesiones y otras cuestiones referidas al folklore de los movimientos de fuerza en Argentina, vale la pena reflexionar si no nos estamos cayendo a un abismo a fuerza de reclamar parte de una bolsa que tiene cada vez menos.

El paro de 24 horas convocada por una de la CGT ahora dividida, más la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), la Federación Agraria Argentina y otros movimientos sindicales y sociales, se transformó este martes en la primera huelga general en diez años, en virtud de que se trata de poderosos gremios clave para la circulación de mercadería por el país, como así también el normal desenvolvimiento de las transacciones financieras.

Es que aunque la mayoría de los gremios industriales, de la otra CGT escindida y partidaria del gobierno actual, no adhirieron al paro, el país quedó como si fuera un cuerpo con vida pero casi paralizado, sin circulación en sus arterias. Por eso, es que puede hablarse de la primera huelga general en una década en Argentina.

El justo reclamo de mejora en el poder adquisitivo, afectado claramente por la inflación, por medio de mecanismos como alzas salariales y eliminación o morigeración del impuesto que pesa sobre los ingresos más altos de los trabajadores, llega en un momento tardío para soluciones que quepan dentro de una racionalidad presupuestaria.

Dicho en otros términos, hoy es más lógico pensar que no alcanzaría el dinero si se conforman todos los reclamos juntos, dado el achicamiento de la economía y perspectivas de crecimiento moderado, más allá de que se pueda discutir y consensuar un mejor direccionamiento de los recursos por parte del estado nacional.

Es por eso que las discusiones a favor o en contra del paro, lo mismo que referirse a los piquetes o los infaltables incidentes de huelguistas contra quienes quisieron trabajar, pasan a un segundo plano sin tanta importancia.

Lo relevante es pensar en una solución al tema, antes que se dispare tempranamente una mayor conflictividad gremial que, inevitablemente, no deja de teñirse de política partidaria, a menos de un año de las próximas elecciones legislativas en el país.

De hecho, el vocero del paro en Pergamino fue un diputado. Y un aspecto que no debe soslayarse si uno quiere analizar en serio y objetivamente este hecho es que fue una protesta de trabajadores y de empleadores, o al menos de trabajadores independientes, como son la Federación Agraria Argentina que participó y la Sociedad Rural Argentina que adhirió.

Solo nos falta esperar a la mayoría de los ciudadanos argentinos que prime tanto la tolerancia y la paciencia como la creatividad y la imaginación para no seguir jugando a la lotería con los escasos puntos de crecimiento de la economía en este 2012 y los modestos que se esperan para 2013.

Como en otras oportunidades de nuestra reciente historia, pareciera que nos encaminamos hacia la disyuntiva de difícil solución donde todos tiramos del carro de nuestros intereses, cada uno para su propio lado, sin pensar que se reduce cada vez más el contenido de la bolsa que se pretende repartir.

Mirando hacia atrás, para ser más exactos, hay que recordar que cuando nos encontramos en similares problemas en el pasado, dicha disyuntiva de difícil solución no tuvo solución o no supimos encontrarla y nos fuimos al abismo de la super crisis.

Ojalá no nos encaminamos hacia un abismo nuevamente, que no sabemos si será más o menos malo que el abismo fiscal en Estados Unidos, pero para el cual, lamentablemente por cierto, tenemos mayor entrenamiento.

Por Eduardo Mario Costamagna

Foto: Daniel Dellavalle