Cristina, Cachi y Zitarrosa

Las democracias han evolucionado desde el simple voto que da poder a candidatos hasta el cuestionamiento "al segundo" de lo que desde el poder ejecutan. Esto no puede ser malo, pero vale reflexionar sobre el particular para que sea una mejora del sistema y no una herramienta de los mismos políticos para una oposición sin muchas ideas. Por Eduardo Mario Costamagna*

El sábado 8 de diciembre el Honorable Concejo Deliberante (HCD) de Pergamino aprobó el Presupuesto Municipal 2013 y el Diario La Opinión publicó al día siguiente un artículo editorial titulado "El nuevo presupuesto: lo positivo y lo negativo que incluye la ordenanza madre", que contiene algunos conceptos sobre los cuales nos parece interesante reflexionar.

En una parte del mismo y destacado después del título, dice textualmente el prestigioso diario local: ""Tratando de ser lo más justos posible respecto de la administración municipal, podemos decir que hay para destacar y para criticar en este presupuesto comunal, pero evidentemente el balance de los pergaminenses es positivo de la actual gestión, porque de lo contrario no le reiterarían a Gutiérrez el voto como lo han hecho hace poco más de un año."

Y este concepto del "aval de los votos" es algo muy interesante y digno de analizarse y debatirse en una democracia, en tanto sistema de gobierno, que está siendo cuestionada (en buena parte del mundo, por cierto) debito a ciertos "autoritarismos" que parecen devenir de su ejercicio, sin que esto signifique dudar de que sigue siendo el mejor sistema de gobierno que existe.

La Constitución Nacional dice claramente que "el pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes", con lo cual su única y valedera forma de participación es el voto confirmando a su "representante" o eligiendo a uno nuevo. Por supuesto que esta interpretación tajante de la letra de la Constitución ha ido evolucionando hacia formas más completas de participación y, de la mano de la evolución tecnológica, hacia una especia de inmediatez con que el pueblo hacer valer su opinión sobre los actos de gobierno.

Este cambio no puede ser malo y, en síntesis, significa "más democracia" como todo político que se precie sale a declarar urbi et orbi como si fuera su propio mérito. Lo que nos parece malo es la utilización forzada de este concepto por los mismos políticos para uno u otro lado según les convenga y según estén sentados en el gobierno o en la oposición.

Si como expresa el editorial de marras el balance que la ciudadanía de Pergamino hace de la gestión del intendente Héctor "Cachi" Gutiérrez es positivo porque la mayoría lo avaló en la última elección, aunque entre gallos y medianoche haya ganado "superpoderes" (locales), aunque no informe sobre la cantidad de empleados que tiene la Municipalidad y otras cuestiones no transparentes que puedan ocurrir, ¿por qué se le pide a la presidenta de la Nación que -entre otras cosas- cambie su forma de ser o que no sea autoritaria o que no cambie cualquier cosa que no nos convenga?.

Quizás sea dable pensar que en la evolución de las sociedades hacia una mejor democracia, estemos transitando ciertos extremos que no convienen al sistema, en tanto y en cuanto son manipulados para beneficios propios o sectoriales y no del conjunto, de la "polis", de la política bien entendida.

Es un extremo pensar que el 54 por ciento de los votos que ungieron legítimamente a la presidenta argentina sea el aval para avasallar los principios republicanos que la cobijan y le dan legitimidad. Es otro extremo también forzar y poner a prueba la representatividad de un ejecutivo electo por el pueblo a cada momento y cada vez que no sea de nuestra conveniencia la dirección de su gobierno.

Es claro que la misma clase política y oportunista es la autora de esta cuestión que planteamos, desde la oposición claro, y a falta de mejores ideas. Subrayo que no señalo a ningún partido en especial ni a ningún período en particular. Más bien a todos.

Como en tantas otras cosas, sería bueno transitar un término medio que no sea aquella vieja posición "voto y avalo todo" ni la otra de "democracia al segundo" a caballo de la internet y las redes sociales.

Y será la ciudadanía la que marque el camino a seguir, con errores y equivocaciones, pero sin la urgencia de la política partidaria de apurar etapas para escalar poder. Como alguna vez escribiera Zitarrosa: "No hay cosa más sin apuro que un pueblo haciendo la historia".

Director de www.economiayempresas.com.ar