Algunos comentarios interesados

Para los simples ciudadanos "de a pie" los manejos de los fondos buitres, las pautas de las calificadoras de riesgo y aspectos tales como calificación financiera de un país, para nombrar solo tres, nos resultan conceptos complicados de entender y asistimos a la polémica sin entender de qué se trata, la mayoría de las veces. Para entender algo más, reproducimos el artículo de Carlos Heller, Diputado Nacional, publicado por Tiempo Argentino.

En la semana surgió una gran cantidad de titulares con la especulación de la entrada en default de la Argentina, una postura realmente bizarra que fue desmentida por la presidenta Fernández de Kirchner, con gran cantidad de argumentos, entre ellos con un contundente “vamos a pagar en dólares porque los tenemos”.

El origen de los comentarios fue la decisión de la Cámara de Apelaciones de Nueva York, que confirmó un fallo del juez Griesa a favor de los bonistas que no entraron al canje. Para aclarar este punto, resulta conveniente reflejar el comunicado de Standard & Poor’s (S&P) al rebajar la nota argentina, donde expresan que no esperan que el fallo de la Corte de Nueva York tenga un impacto inmediato en el servicio de la deuda, dado que aún no ha sido definido el proceso de implementación.

No obstante estas consideraciones, largas columnas han sido escritas sobre las dificultades que ocasionaría, y que podrían llegar a desatar un nuevo default, a pesar de que los dólares para los pagos que restan de 2012 y de 2013 ya se encuentran provisionados a través del Fondo de Desendeudamiento Argentino.

Un claro ejemplo de este enfoque y su debilidad lo expresa Jorge Oviedo: “Además, el daño en reputación financiera es colosal. El país está considerado un ‘forajido de las finanzas internacionales’. Tras la pesificación de una deuda ridícula para el tamaño de la economía nacional por parte del Chaco, lidera el ranking de los considerados más riesgosos” (La Nación, 17 oct. 12). Efectivamente, el porcentaje del pago chaqueño es ridículo, equivalente a 260 mil dólares, más aun teniendo en cuenta que posteriormente se pagaron 224 millones en dólares correspondientes al Bonar X, y que además desde hace siete años se viene pagando puntualmente la deuda. Estas actitudes llevan a preguntarse el porqué de las exageraciones, el todo o nada; y una de las respuestas es que los especuladores hacen muy buenos negocios.

Una nota del Financial Times, publicada por el Cronista Comercial el 1 de noviembre, enarbola la idea de que o se paga a los “odiados buitres” o se defaultea el lote completo. En esa nota, además, se expresa la decisión de “la presidenta Cristina Fernández de no saber nada con los que ella considera ´buitres´…”. Sin embargo, no sólo ella los considera buitres, sino que el término fue acuñado en el corazón de Manhattan, es utilizado extensamente en la literatura, y también por el propio Financial Times. Todo vale para demonizar a quienes defienden la soberanía de los Estados Nacionales.

La “calificación no solicitada de la nota argentina”, como tituló S&P el comunicado de rebaja de la nota a Argentina, es todo un ejemplo. Se baja la nota por el fallo de la cámara de EE UU, por el embargo de la Fragata Libertad (cuando Argentina ha tenido decenas de embargos a inmuebles y activos financieros y todos, más tarde o más temprano, han sido levantados), y también por el pago en pesos del bono en dólares del Chaco.

Sin embargo, la calificadora reconoce que el gobierno central descansa en las entidades del sector público para atender los vencimientos de su deuda, una política que ha moderado el riesgo de refinanciamiento. “Asumimos –continúa diciendo S&P– que los distintos organismos del sector público argentino continuarán financiando los déficits fiscales.”

Con este panorama, la nota no debería haber sido reducida, pero influyen, según la calificadora, las restricciones al acceso de moneda extranjera, la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central y una creciente intervención del gobierno en los diferentes sectores de la economía. Queda claro que lo que pesa negativamente son las políticas de defensa de los intereses nacionales, totalmente contrarias a las que se están aplicando en los países desarrollados. Por eso Argentina es un mal ejemplo, un concepto resaltado por Cristina en su discurso del jueves.

NOS SIGUEN CASTIGANDO. El Foro Económico Mundial, más conocido como Foro de Davos, acaba de publicar su habitual Índice de Desarrollo Financiero, en el cual otorga un puntaje a 62 países seleccionados. La noticia vernácula fue la baja calificación de Argentina.

En este informe, Estados Unidos se ubica segundo en el ranking de desarrollo financiero, a contrapelo de las hipotecas de baja calidad y la gran cantidad de deuda tóxica generada y que aún persiste en los balances de sus bancos. Tercero en el nivel general se ubica el Reino Unido, a despecho de la manipulación de la tasa Libor que ha sembrado el descrédito en el mercado londinense.

En ese ranking, Argentina se ubica en el puesto 55, cerca de caerse de la tabla por varias cuestiones de peso para quienes confeccionaron el informe, entre ellas las numerosas crisis financieras por las que pasó nuestro país, el bajo nivel de monetización y el elevado nivel de riesgo país. La calificación se obtiene luego de la ponderación de 121 indicadores, en algunos de los cuales nuestro país obtiene resultados destacados.

Dentro de los indicadores que detallan el riesgo de crisis de la deuda soberana, nuestro país obtiene un aceptable puesto (24) en “capacidad de gestión de la deuda”, muy por delante de Brasil (41) y de EE UU (46). En el mismo rubro, se mide la solidez de las políticas macroeconómicas, rubro en el que Argentina logra el puesto (21), atrás de Japón y un puesto adelante de EE UU.

También estamos en el primer lugar, compartido con otros 20 países que tienen la calificación máxima, en el ítem de “divulgación de información financiera” y nos ubicamos en el séptimo lugar en el nivel de mora bancaria.
A modo de dato ilustrativo, al calcular las características de la infraestructura, Argentina es uno de los países con mayor cantidad de teléfonos celulares por habitante, en el puesto 13 con 123 celulares cada 100 habitantes, por delante de Alemania, Reino Unido y Suiza.

También los datos de capital humano son buenos, con una muy alta tasa de alumnos de nivel terciario, aunque se nos asigna una muy baja calificación en la calidad de la educación en matemáticas y ciencia (53), problema que, según los cálculos de los autores, afecta a toda la región, ya que estamos mejor calificados que Chile, Venezuela, México y Brasil.

Hablando de nuestro principal socio comercial, Brasil, tenemos similar calificación en los ítems de “entorno para hacer negocios”, pegados al puesto 50, cuando muchos analistas hacen loas al modelo brasileño y exaltan las limitaciones del argentino.

Por suerte, estamos muy mal ranqueados en liberalización financiera con el exterior, lo que nos permite tener muy buena calificación en vulnerabilidad externa (18), mejor que Israel o Chile. Sugerentemente, no se calculó este último indicador para los países europeos ni para EE UU.

Hemos hecho una selección arbitraria de los 121 índices, con la intención de demostrar que, aún con las características propias de la encuesta, se cuelan varios indicadores de las mejoras que se han desarrollado en estos años, desde el masivo uso de celulares a la baja morosidad del sistema financiero, entre otras.

Tanto los enfoques catastróficos sobre el efecto del fallo a favor de los fondos buitre, como el estudio del Foro Económico Mundial, o los análisis de las calificadoras, evidencian que si la gestión del gobierno argentino se mide con el metro neoliberal, el resultado será ineludiblemente negativo.

Si se mide la gestión con otros conceptos, como soberanía, independencia económica o bienestar social, los resultados serán altamente satisfactorios, esperando que lo sean aun más con la profundización del modelo en marcha