El defensor de los acreedores

El Fondo Monetario Internacional se da el lujo de aplicar "tarjetas rojas y amarillas" al crecimiento y la mayoría a los del G-20, con lo que la insensatez se ve reflejada también en el hecho de que se coloca un alarma en aquellos países que han disminuido el desempleo. Lo que se concluye de este artículo del Diputado Nacional por el Frente Nuevo Encuentro, Carlos Heller.

Según el FMI, el déficit fiscal de la Argentina para el corriente año será del 4,6% del PBI, una cifra bastante alejada de la prevista por el gobierno argentino, que es del 1,6 por ciento.

Queda claro que el FMI aplica su propia metodología, probablemente restando a los ingresos algunos items o sumando al déficit algunos otros, como por ejemplo los intereses de la “deuda en default”, según expresan en las notas aclaratorias.

Esta y otras metodologías utilizadas indican un sesgo interpretativo que históricamente se ha caracterizado por poner los intereses de los acreedores por sobre cualquier otra consideración.
A nivel planetario, este enfoque se evidencia en la reciente edición de las Perspectivas de la Economía Global, donde expresan que “… la incertidumbre constituye una pesada carga para las perspectivas” y por ello los graves problemas en la Unión Europea como en los Estados Unidos “continúan preocupando a los inversores”. En esta preocupación radica gran parte del problema para el FMI.

En este informe que evidencia perspectivas bastante sombrías para la economía mundial, se dan el lujo de aplicar “tarjetas rojas” al crecimiento. Hay un cuadro dedicado a los indicadores de “sobrecalentamiento de las economías del G-20, cuando la economía mundial está evidenciando una profundización de la crisis de los países centrales. El gráfico asigna tres colores para la situación: azul, amarillo y rojo. De esta forma, la mayoría de las tarjetas azules las tienen los países europeos y EE UU, lo cual es obvio, dado que con la caída del PIB del 2,7% que está sufriendo Italia, no puede tener riesgo de recalentamiento, por citar un ejemplo.

Por ello la mayoría de las tarjetas rojas y amarillas aparecen en los países en desarrollo integrantes del G-20, dado que han sido estos países los que vienen creciendo más que en la época pre crisis. Dentro de este enfoque, surge la insensatez de aplicar tarjeta roja (o colocar una alarma, que esa es la intención del color rojo del cuadro) en aquellos países que han disminuido el desempleo.

Estos datos del cuadro sólo pueden entenderse a través de un análisis ideológico y político: a los países en desarrollo del G-20, el FMI indica tener cuidado en crecer demasiado, ya que pueden tener inflación.
Y ese es el gran mensaje de las políticas ortodoxas que sostiene el FMI: todo el bienestar económico y social que genera el crecimiento de la producción está supeditado a los objetivos de inflación, porque este último fenómeno genera incertidumbre y preocupaciones en los inversores.

En el informe aparece la tensión entre la consolidación fiscal, el nuevo nombre del ajuste, y el efecto negativo sobre el crecimiento que esta genera. También en el informe, el economista jefe del FMI expresa que “si bien esta consolidación es necesaria, es indiscutible que presenta un lastre para la demanda”. Se sostiene que “es lógico preguntarse si los efectos negativos a corto plazo de los recortes presupuestarios han sido mayores a lo esperado debido a una subestimación de los multiplicadores fiscales”, es decir, al impacto que los ajustes tienen sobre la economía; y se responden que no calcularon que serían tan importantes. Puede deducirse que si hubieran estudiado la experiencia latinoamericana de los años setenta a los años noventa hubieran tenido más puntería en los pronósticos. Pero este planteo tiene una importancia esencial: reconocen que la consolidación fiscal genera efectos negativos en la economía.

Aparece entonces el doble estándar; se recomienda que en caso de reducirse el crecimiento, “los países que tengan margen de maniobra deberían moderar el ajuste planificado para 2013 y los años posteriores”, un mensaje para Alemania, Francia y los EE UU. Mientras tanto, para la periferia que más está sufriendo la receta es distinta: “A corto plazo, es preciso adoptar medidas más inmediatas. España e Italia deben llevar adelante planes de ajuste para restablecer su competitividad, sanear sus finanzas públicas y respaldar el crecimiento.” Esta última recomendación no deja de ser sombría, luego de que en el mismo informe se demuestra que el ajuste genera fuertes impactos negativos en las economías y plantea el dilema de quiénes sobrevivirán al corto plazo.