Cada uno con su propia inflación

A la desconfianza sobre las cifras oficiales de inflación se agregaron con el tiempo las cifras privadas de la llamada "inflación real", que en la práctica han agregado mayor confusión sobre una información que de poco sirve a millones de ciudadanos. Para nuestro gusto, se debería bajar el nivel de inflación actual para que no nos pongamos cerca de un proceso de híper inflación. Pero, mientras tanto, no sería mala idea que se facilite algunas herramientas sencillas para medir la inflación personal.

Por Eduardo Mario Costamagna*

 

 

La estadística es una ciencia formal que sirve a varias disciplinas pero resulta fundamental para la economía y es una herramienta imprescindible para la toma de decisiones por parte de gobiernos, empresas e individuos, entre otros.

La estadística de los precios de los bienes y servicios de consumo principalmente masivo es en nuestro país el Indice de Precios al Consumidor (IPC) o simplemente "costo de vida" que determina el nivel de inflación de la economía, o sea un termómetro para medir como nuestro signo monetario sirve para comprar cada vez menos, como ha ocurrido en las últimas cuatro o cinco décadas.

En Argentina estamos en firme camino de destrozar la estadística, esperemos que solamente la del costo de vida, con una serie de acontecimientos que son de dominio público y que sucedieron a partir de la indisimulable diferencia de las cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) con la realidad palpable en las compras diarias de los consumidores.

De esta forma, por la desconfianza en los datos del Indec han ido apareciendo cifras de inflación de distinto origen: de ex empleados de la repartición, de consultoras agrupadas por legisladores de la oposición, de diversas ONG, de provincias, de municipios y fuentes varias, hasta la frutilla de este amargo postre que es la "inflación Moyano" anunciada hace poco por el dirigente sindical y también la de su propia oposición por el dominio de la Confederación General del Trabajo (CGT).

Por supuesto que todas las mediciones -resulta obvio decirlo- dan una cifra mayor de inflación que la del Indec, aunque también hay que notar que ninguna de ellas coincide entre sí, agregando más confusión y haciendo imposible para nadie sabe cuál es la inflación exacta en Argentina.

Esto demuestra una vez más, a pesar de las buenas intenciones, que los argentinos solemos enfrentar un problema dando vueltas alrededor del mismo, en vez de encararlo y solucionarlo, pero además lo rodeamos en forma de espiral, de manera tal que cada vez nos alejamos más de la solución.

Pero lo que queremos decir en este artículo, y solemos repetirlo a menudo en nuestro programa radial (LT35 AM 1540, Pergamino, Buenos Aires) es que se podría aprovechar el desaguisado en donde caímos para que, desde el Gobierno Nacional, se implemente un sistema para que cada ciudadano, de acuerdo a su nivel y tipo de consumo, pueda elaborar su propia inflación personal, como ocurre en otros países.

De esta forma, no solo habrá tiempo para que el Indec pueda encarrilarse para que sus cifras sean creídas en nuestro país y en el exterior, sino que -además- se dará a la mayoría de la población la posibilidad de tener una medición de los precios de lo que compra más acorde a su propio nivel de vida.

Recordemos aquí que el Indice de Precios al Consumidor, aun cuando no era sospechado, no deja de ser, por un lado, una "fotografía" de lo que ya pasó y que el ciudadano ya sintió en su bolsillo, sino que sirve de muy poco para la economía personal al incluir bienes y servicios que no son consumidos por la enorme mayoría de los ciudadanos, o son adquiridos esporádicamente.

Además, no tiene nada de parecido el impacto inflacionario sobre una familia cuyos ingresos están en alrededor de los 6 mil pesos mensuales, por ejemplo, con otra que está en el orden los 20 o 30 mil.

Por citar algo ruiseño, pero válido como figura, en la medición de la canasta básica que para Pergamino hace la Cámara de Comercios Alimentarios, suele haber meses en que, por razones estacionales, las verdulerías bajan sus precios respecto al mes anterior, con lo que el nivel de inflación para un vegetariano fue mucho menor que para el amante de la carne vacuna. Y así se pueden encontrar decenas de ejemplos.

No debería ser tan complicado facilitar oficialmente la "inflación personal" ya que hay experiencias que se pueden aprovechar, inclusive algunas poco difundidas en Argentina.

Es más, sería una herramienta que posibilitaría, por más real, un mejor manejo de las economías individuales y familiares, mucho más viable que las cifras del Indec y de las que surgen de fuentes privadas, agregando más confusión a los ciudadanos.

Sabemos, además, que en la práctica las familias argentinas viven con la "inflación real" y a millones de personas no los interesa mucho las cifras del Indec, ni tampoco las otras, salvo para comparar con su propia experiencia de todos los meses, en tren de ganar, empatar o perder con la inflación.

Aunque la historia económica de las últimas décadas anota años de mayor escalada del costo de vida que la actual, nadie deja de reconocer que debemos vivir con un nivel de inflación que deteriora demasiado nuestro poder adquisitivo y nos coloca en una carrera que ya corrimos y no conviene a nadie.

El 25 de julio de 2010, el Diario La Opinión publicó el artículo de este sitio "No será que nos gusta la inflación?". Siempre se espera que la respuesta sea negativa. Pero, por las dudas, y para el "mientras tanto" nos merecemos tener un buen termómetro para medirla.

*Director de economiayempresas.com.ar