El Mercosur retomó la cuestión del proteccionismo inaugurada por la Argentina en 1928

 

Por Fernando Del Corro (*)

 La reciente reunión del Mercado Común del Sur en Mendoza, con participación de sus socios regionales, dio lugar a un nuevo pronunciamiento contra el proteccionismo de los países del antes llamado “Primer Mundo” que se ha intensificado con la crisis que se viene profundizando desde hace casi un lustro a nivel planetario. Fue precisamente, cuando en el documento final, los presidentes de la Argentina, el Brasil y el Uruguay puntualizaron su preocupación por el “deterioro del escenario económico internacional”.
El documento plantea la necesidad de avanzar en reformas en el comercio internacional “incluyendo la eliminación de todos los subsidios a las exportaciones agrícolas en 2013”, en referencia con la llamada Ronda de Doha la que se encuentra paralizada desde hace años ya que Europa, los Estados Unidos de América y el Japón pretenden abrir a sus manufacturas el mercado de los llamados “países emergentes” sin mayores concesiones en cuanto a sus importaciones agrícolas. Un tema en el que fue clave la Argentina para frenar un acuerdo de esa naturaleza en dicha Ronda en el marco de la Organización Mundial del Comercio. Fue durante una visita a la India del ex canciller Jorge Enrique Taiana cuando el entonces subsecretario de Alimentos, Fernando Nebbia, convenció a las autoridades de ese país de la inconveniencia de aceptar las imposiciones sobre apertura comercial, cosa que estaba dispuesto a hacer el gobierno brasilero de Luiz Inácio Lula da Silva.
La Argentina lleva una larga lucha contra el proteccionismo agrícola de los países centrales que se ha expresado en diversos foros internacionales a lo largo de varias décadas. Fue, precisamente, su gobierno el que en 1928 puso la pica en Flandes en la materia. Entre el 16 de enero y el 20 de febrero de 1928, en la VI Conferencia Panamericana, celebrada en La Habana, siendo presidente Máximo Marcelo Torcuato de Alvear, a través de su representante, Honorio Pueyrredón, el gobierno argentino fue el pionero en plantear la cuestión de los mecanismos proteccionistas agro-ganaderos que por entonces ya implementaban las autoridades de los EUA. En 1926 ya se habían puesto trabas a las importaciones de alfalfa, carnes y frutas argentinas. Han transcurrido desde entonces casi 75 años sin que desde entonces, en esos tres cuartos de siglo, hayan cambiado las tesituras de los que mantienen las trabas para las producciones de las periferias y de los que, desde éstas, reclaman un trato más justo.
Pueyrredón cuestionó, además, las intervenciones militares estadounidenses en el Caribe, como la más reciente en Nicaragua, y polemizó fuertemente con el emisario de Washington, Charles Evans Hughes. Este sostuvo que su país tenía derecho a tales operaciones armadas y que no aceptaba cuestionamiento alguno sobre sus políticas arancelarias y para-arancelarias. La postura de Pueyrredón obtuvo un amplio respaldo en cuanto a los atropellos territoriales pero los restantes países latinoamericanos no avalaron la postura argentina sobre las barreras comerciales lo que motivó que Alvear y el canciller Angel Gallardo dieran instrucciones de bajar el tono de la polémica cuando poco antes lo habían felicitado por sus intervenciones. Alvear y Gallardo temieron que esa postura hiciese fracasar el tratado de Unión Panamericana en debate en dicha conferencia y, probablemente, les preocupaba no obstaculizar el proceso de inversiones estadounidenses que llegaba a la Argentina como parte de la primera gran industrialización que tuvo el país. Es que a la misma había concurrido el propio presidente estadounidense John Calvin Coolidge, el que dejara de regalo a su sucesor Herbert Hoover el estallido de la crisis iniciada en Nueva York en octubre de 1929. Así fue que Pueyrredón renunció a la representación y a su cargo de embajador en los EUA y fue reemplazado en esa cumbre por el embajador en Cuba, Laurentino Olascoaga, quién abandonó la pelea contra el proteccionismo. La cuestión, de todos modos, volvió a ser planteada durante el segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen, donde Pueyrredón fue un hombre de peso.
Pasaron 20 años y el primero de enero de 1948 el gobierno de los EUA puso en marcha el Plan Marshall, de claro tinte proteccionista, que dejó fuera del mercado como proveedores agro-ganaderos a buena parte de Suramérica, en particular a sus competidores naturales como la Argentina y el Uruguay, en carnes y cereales, y al Paraguay, en algodón. En consecuencia el gobierno argentino, que se manejaba a través del Instituto Argentino para la Promoción del Intercambio, el famoso IAPI, sufrió un fuerte golpe económico que obligó a introducir importantes cambios estratégicos a la administración de Juan Domingo Perón que, a partir de entonces, y sólo con España como cliente en Europa, giró su accionar fundamentalmente hacia la integración regional con América Latina y, complementariamente hacia otros estados de lo que luego se denominara el “Tercer Mundo”, a la par que se abrían las puertas de los países del socialismo real al designar, poco antes, en abril de 1947, embajador en Moscú al bloquista sanjuanino Federico Cantoni.
Desde entonces las posturas contra el proteccionismo no han cesado y se han sumado otros países. Hoy la Unión Europea es la que avanza en nuevas trabas. Una de ellas, impulsada ya mismo por España, es la que pretende que los vinos argentinos riojanos no puedan ingresar al continente europeo arguyendo que se confunden con su denominación con los vinos ibéricos de la provincia de La Rioja, de la que llegó a la Argentina el varietal torrontés, que se cultivara, siglos atrás, en la zona de los torrentes del Río Oja, epónimo de la región. Por todo ello se explica el nuevo pronunciamiento del Mercosur.

(*) Docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y miembro del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego.