A un siglo del Grito de Alcorta

Por Fernando Del Corro *

Un siglo atrás, el 25 de junio de 1912, unos 600 chacareros reunidos en la Sociedad Italiana de Socorro Mutuo e Instrucción, de Alcorta, Provincia de Santa Fe, dieron rienda suelta al más trascendente movimiento de protesta campesina de la historia argentina, el llamado, precisamente, “Grito de Alcorta”, que llegó a movilizar un paro rural que englobó a más de 120.000 productores del país, centralmente en la propia Santa Fe y también en Buenos Aires, Entre Ríos, Córdoba y el entonces territorio nacional de La Pampa. El paro agrario duró más de tres meses y aunque la victoria de los huelguistas no fue completa dio lugar a una serie de cambios favorables a los mismos en materia de período contractuales de arrendamiento más prolongados, menores porcentajes de las cosechas para los arrendadores
Los reclamos venían de tiempo atrás, desde la rebelión radical de 1893. El informe de Juan Bialet Massé para el gobierno nacional ya había mostrado en 1904 la lamentable vida de los colonos. En 1909 se habían producido protestas en Bigand y más tarde, las sequías de 1910 y 1911 y la plaga de langostas de ese último año habían agravado la situación. Por ello en ese mismo 1911 en Firmat se había creado la Sociedad Cosmopolita de Agricultores. Es que en Firmat era donde la situación de los pequeños colonos había llegado a un punto más grave ya que si bien el costo de los arrendamientos, entre 1895 y 1912 había pasado en términos promedios de entre el 8 y el 15 por ciento de lo producido a entre el 30 y el 40% en esa localidad era del 54%, a lo que había que agregar otra serie de imposiciones como que el arrendador hiciera de acopiador a un precio por debajo del mercado y fuera proveedor obligado de la mayor parte de los insumos utilizados con lo cual el costo total de los arriendos rondaba el 75%.
Fue en dicha Sociedad Cosmopolita de Firmat donde en marzo de 1912 surgió un documento de protesta en el cual se planteaba pagar hasta un tope del 25% en el mejor de los casos, siendo un campo de primera y cercano a la estación del ferrocarril. Un colono de Alcorta, el italiano Francisco Bulzani difundió el volante en su zona Bigand y Bombal. Los debates se generalizaron ya que el detonante fue que si bien la cosecha de ese año había sido muy buena a la hora de pagar las cuentas nada les había quedado y muchos seguían endeudados. En Alcorta las tierras estaban arrendadas por la empresa Genoud, Benvenuto, Martelli y Compañía la que los subarrendaba a una cantidad de muy pequeños productores. Estos se reunían asiduamente para discutir sus pasos a seguir pero no lograban acordar sobre los mismos.
El 15 de junio se produjo un hecho importante. Luis Fontana, empleado del almacén de Bigand, de propiedad del propio terrateniente Víctor Bigand, elevó un documento a consideración de una asamblea local, por el cual se intimaba a los arrendadores a aceptar las condiciones de los colonos. Ello impactó en Alcorta donde los subarrendatarios seguían de charla en charla, sobre todo en casa de Bulzani. Charlas a las que puso fin un frío domingo por la noche María Robotti, la esposa de Bulzani. Cansada de escuchar las deliberaciones de los hombres, la italiana llegada de los Alpes se sacó el delantal y en tono enérgico les espetó: “No sé si ustedes, pero yo estoy de huelga. No cocino ni cebo más mate”. Su esposo y demás contertulios quedaron impactados y se decidieron a convocar a la asamblea del 25 en la Sociedad Italiana.
Apoyados por los sacerdotes Pascual y José Netri, que aportaron la ayuda de otro hermano, el abogado Francisco, y por el comerciante vasco Angel Bujarrabal que les aconsejaba el paro, los arrendatarios debatieron la propuesta y la misma fue aprobada. Las exigencias se centraban en no pagar más del 25% de la cosecha, obtener un adicional de tierras para pastoreo, poder vender libremente la producción y asegurarse un plazo mínimo para los arrendamientos. La gravedad de la situación hizo que quedaran atrás los temores a la Ley de Residencia 4.144 por la cual, dado que eran casi totalmente extranjeros, mayoritariamente italianos y vascos, pudieran ser expulsados del país por subversivos. Así fue como se lanzaron a la lucha y si bien no obtuvieron un triunfo rotundo lograron avances considerables como garantizarse no pagar más del 28% de la cosecha, utilizar el 6% de la tierra para pastoreo, poder vender la producción a terceros, libertades para la adquisición de bienes y contratos por un plazo no inferior a los tres años.
Mientras se desarrollaba la protesta, que algunos propietarios como el referido Bigand pactaron rápidamente, impulsados por el abogado Netri. El primero de agosto siguiente, en la Sociedad Giuseppe Garibaldi de Rosario quedó constituida la Federación Agraria Argentina presidida por Antonio Nogueira, de Pergamino. Las luchas de los campesinos sin tierras prosiguieron y con ellas sucesivas conquistas que incluyeron el acceso a la propiedad de la tierra, sobre todo con las normas impulsadas en la materia durante el primer peronismo. Una historia que también tuvo como víctimas a algunos de los principales referentes del Grito de Alcorta, como el colono Francisco Menna, asesinado durante un acto en Firmat, y el propio Francisco Netri, también asesinado en Rosario en 1916, en tanto sufrieron cárcel otros como el párroco José Netri, el colono Angel Grotti, de Carmen de Arteaga y el periodista Basualdo, director del diario “Ecos del Sur”, de Venado Tuerto. Cuando el tema se trató en la Sociedad Rural de Rosario la condena a los colonos fue durísima con una excepción. Quién les dio su aval fue un ex presidente de la entidad, el luego senador Lisandro Nicolás De la Torre.
(*) Docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires y miembro del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego.
(Foto: www.castellanos.com.ar)