Una crisis hizo que Solón creara el Dracma XXVI siglos atrás: ¿otra lo hara reaparecer?

Por Fernando del Corro*

En menos de un mes los griegos irán a las urnas nuevamente luego del fracaso de socialdemócratas y conservadores para formar un gobierno en medio de la grave crisis por la que atraviesa su país. Quienes analizan la situación helénica desde hace tiempo especulan con la posibilidad de que ese pequeño estado europeo, de larga historia, abandone la eurozona y restablezca su soberanía monetaria abandonada a partir del 2 de enero de 2001. Especulaciones que han ido tomando mayor énfasis a partir de las altas probabilidades existentes de que el próximo 17 de junio surja como vencedor en esos comicios el partido de izquierda Syriza liderado por el joven ingeniero Alexis Tsipras. Su nombre Alexis (el defensor) es posible que lo ayude en circunstancias en que ese pueblo se ve desamparado.

Si esto se concretara la moneda griega volvería a ser el dracma, aquella que creara Solón de Atenas en el 594 Antes de Nuestra Era (ANE), 2606 años atrás, y que sobreviviera, con interrupciones como la actual, a todos los cambios habidos a lo largo de esas 26 centurias ya que fue, entre otras, uno de los instrumentos de pago en el Imperio Romano en el cual las cuentas públicas se llevaban en sestercios, una moneda virtual, que sólo existía como elemento de referencia entre todas las que acuñaban en la propia península itálica como en el resto de ese mundo ya globalizado. El sestercio fue el anticipo de lo que muchos siglos después resultó el European Currency Unity (ecu) con el que se manejó la Unión Europea (UE) durante muchos años hasta su monetización como euro y que hoy reproducen algunos países americanos con el Sistema Unitario de Compensación Regional (sucre).

La reforma de Solón de 594 ANE fue clave para que Atenas llegara a convertirse, más de un siglo después, en una gran potencia económica, cultural y militar en todo el mundo helénico. Atenas, que por entonces contaba con menos de 30.000 habitantes, tenía graves problemas fiscales, inflación y un gran endeudamiento de su campesinado, arruinado y sin perspectivas de recuperación, en el marco de una economía agraria basada, centralmente, en la producción de cereales. Sucedía que los rindes de la región eran muy bajos, en una tierra poco propicia, y sin posibilidades de competir con los granos egipcios o de otras zonas mejor dotadas.

La gran reforma ateniense incluyó, entonces, la acuñación de moneda -el dracma- que ayudó para la licuación de los pasivos campesinos y una reforma agraria junto con el impulso al reemplazo de la producción granaria por la vid y el olivo. También incluyó el establecimiento de las industrias del vino y el aceite y la exportación de estos productos, la incorporación de inmigrantes interesados en estas actividades y de maestros de oficios y la eliminación de los distingos de nacimiento.

Hacia el 480 antes de Cristo, Atenas, con unos 40.000 habitantes, ya era la gran potencia marítima del Mediterráneo Oriental y durante el siglo V (ANE) -llamado de oro, especialmente bajo el liderazgo del estratega Pericles-, sus marinos incluso atravesaron las Columnas de Hércules hoy Gibraltar), llegaron a las Islas Casitérides (las islas británicas) y hay indicios de que, en sus recorridas por las costas africanas del Atlántico, llegaron a dar la vuelta al Cabo de Buena Esperanza.

La moneda ateniense se convirtió en la base de las negociaciones comerciales de la etapa del predominio comercial ático, pero se mantuvo aún tras la pérdida de esa hegemonía y hasta se expandió más durante el efímero imperio macedónico del orientalizado Alejandro Magno. El dracma acompañó al emperador en sus conquistas, que llegaron hasta el norte de la India y el mar Caspio, en el último tercio del siglo IV (ANE), y aún mantuvo su importancia económica luego de la muerte de Alejandro. La expansión helénica en la Magna Grecia (sur de Italia) hizo que en la región de la Campania se crease la ciudad de Neapolis (ciudad nueva, hoy Nápoles) donde el dracma ateniense fue tomado, seguramente como inspiración, para crear el "didracma" de plata, hacia fines del siglo IV (ANE) o comienzos del III (ANE).

El didracma se convirtió así en una de las importantes formas de pago del complejo sistema monetario romano basado, como se señalara, en el sestercio como unidad de cuenta. El propio dracma ateniense continuó como moneda importante del sistema romano, donde se le reconocía el valor de cuatro sestercios (moneda de la que sólo hubo una pequeña emisión efímera en épocas arcaicas y que luego sólo se mantuvo a los efectos del armado de las finanzas públicas), al tiempo que se lo reconocía en paridad con el denario.

El nombre de la moneda ateniense también se usó en la farmacopea romana como equivalente a tres escrúpulos (3,594 miligramos). El viejo dracma, equivalente a un octavo de onza de plata, se perdió con el correr del medioevo en Occidente y el retroceso progresivo del Imperio Bizantino, hasta desaparecer junto con él bajo la dominación turca. Esa dominación, en Grecia, se extendió desde 1456 a 1830, cuando se restableció la independencia nacional con el apoyo del actual Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, y tras la cual el rey Otón I restableció en 1831 la vieja moneda de Solón.

La restablecida moneda, a la que se pretendió dar una equivalencia con el viejo dracma, con el andar del siglo XIX se cotizó por un tiempo en relación de uno a uno con el franco francés y la lira de la joven Italia. Mientras tanto, las autoridades de Atenas pugnaban por incluirla dentro de la Unidad Monetaria Latina (UML), en la que fue aceptada en 1867, aunque la bancarrota griega de 1893, hacia el final de la primera gran crisis capitalista mundial (1873-1896) hizo que recién se incorporara de pleno en 1910. Los cimbronazos de las dos guerras mundiales no terminaron con el viejo dracma, ni tampoco las dificultades de la economía griega, la más atrasada de la UE. Sí sucumbió en 2001, aunque se lo siguió utilizando hasta 2002, tras su incorporación a la zona monetaria europea, en la cual el anterior ecu, que operaba al igual que el arcaico sestercio romano sólo como una unidad de cuenta, fue reemplazado por el euro, una moneda que tiene existencia real y características excluyentes y de la que Grecia y otros socios de la eurozona están pensando escapar como a su manera la Argentina escapó en su momento del dólar estadounidense, heredero del viejo thaler de los bohemios, castellanizado con su actual denominación en España por los Reyes Católicos y luego adoptado por una veintena de países, entre ellos la desde 1896 principal economía del planeta.

(*) Docente en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires e integrante del Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Argentino e Iberoamericano Manuel Dorrego.