El devenir de la economía y el papel de los economistas

ElPapelEconomistas24jun13

Nada de lo que decían las calificadoras de riesgo sobre el banco de inversión Lehman Brothers se cumplía y las variables estaban tan comprometidas como el casco del Titanic cuando chocó el iceberg, sostiene el licenciado en economía Gustavo Perilli en un artículo que recientemente publicó infobae.com.
Aunque esto bastaría para hacerlo interesante, el artículo nos lleva por una serie de pistas para que los comunes ciudadanos de a pie podamos manejarnos en esta etapa preelectoral con tantos medios repitiendo tsunamis de análisis, pronósticos, acusaciones, verdades únicas y mentiras parciales, cuando no el anuncio de "plagas bíblicas" que caerán sobre nuestras familias.
Son para el recuadro las citas que el autor hace de John Keynes sobre el "gran economista" y acerca de nuestra muy pequeña capacidad de predecir el futuro de Edmund Burke (un filósofo, por algo será...).

Es frecuente escuchar opiniones de economía que nos cuesta entender y procesar. Casi a diario, se esboza que, siempre y en todo momento, la inflación proviene del mal manejo de las finanzas del Estado (déficit fiscal) o de la emisión de dinero de los Bancos Centrales, sin estudiar demasiado las expectativas y la estructura de la economía.

 

También se suele decir, a manera de estrofa de la única canción que nos acordamos, que el ingreso de inversiones del exterior, cual maná caído del cielo para un pueblo perdido en el desierto, es una muestra de la consideración que el mundo tiene de nosotros como país, sociedad, cultura, historia y tradiciones.

 

En este caso, el epíteto "confianza" se asocia repetitivamente con la virtud y la valoración de las fuerzas de un mercado natural y sabio. Ergo, combatir esta vertiente de libertad, para quienes profesan estos férreos dogmas, es como si se optara por la esclavitud y el cercenamiento de la naturaleza humana individualista, fundamento de la consolidación de los valores de la comunidad.

 

Economistas y pensadores observan la luminaria de las economías desarrolladas tal como lo hicieron Melchor, Gaspar y Baltasar cuando eran guiados por la estrella de Belén en el desierto. Se maravillan del funcionamiento coordinado de mercados, instituciones y calificadoras sin tener en cuenta que "en equipo" no miden adecuadamente la probabilidad de derrumbe aún cuando ello suponga pérdida de empleos y hogares de millones de personas.

 

No necesitamos retroceder tanto en el tiempo para apreciar un episodio de esta índole; sin embargo, la amnesia avanza y se olvidan (¿involuntariamente?). Les sucede a los economistas más prestigiosos (locales e internacionales) que practican la adivinación a través de sus costosas pantallas de Bloomberg, mientras confeccionan informes lapidarios donde recomiendan a sus clientes salir o entrar a un país (vender o comprar bonos) como si estuvieran jugando al TEG.

 

No tienen en cuenta (¿involuntariamente?), que las admiradas calificadoras de riesgo sostenían que el banco de inversión Lehman Brothers, el día antes de su quiebra (ocurrida el 15 de septiembre de 2008), poseía una calificación "triple A" que indicaba que era "sólido, tenía buenas reservas financieras, un equilibrado balance entre la captación de depósitos y colocación de préstamos y una baja cartera en mora". Nada de eso se cumplía, todas esas relaciones y variables estaban tan comprometidas como el casco del Titanic cuando chocó el iceberg a las 23:40 hs del 14 de abril de 1912, tres horas antes de que colapse y se produzca su hundimiento definitivo.

 

Las economías subdesarrolladas de todo el mundo (y la de la Argentina entre las elegidas y las primeras en ser enviadas al patíbulo), reciben sendos escarmientos de quienes "no vieron" como se hundía Lehman Brothers (economistas internacionales y otros bancos de inversión). Disparan informes catastróficos a través del mundo virtual y videoconferencias que provocan movimientos de capitales que hacen temblar los equilibrios macroeconómicos y las estructuras de los mercados de trabajo. Los "economistas locales" (muchos de ellos salidos de la UBA), consumen "estas grageas", hacen matemática simple (como solía decir un recordado profesor de posgrado), escriben sus informes periódicos y, a través de los medios,llegan a las familias quienes, azoradas, suponen que el cataclismo los llevará a la ruina.

 

La calificación de "bono basura" a las emisiones de la Argentina trasluce su opinión pero ¿cuántas veces pronosticaron una crisis que nunca llegó pero que instó al aprovisionamiento de dólares para el día después? Sin contabilizarse la crisis de 2009, ocasionada tanto por factores externos como por la movilización social interna (momento cuando gracias al derrumbe de Lehman Brothers, Brasil se desaceleró y se perdieron puestos de trabajo), la economía argentina creció durante 7 años a "tasas chinas", lapso que, para los especialistas en ciclos económicos, es la vida razonable de una expansión que conduce a una contracción que no necesariamente debe tomar la forma de crisis terminal tal como pregonan "los especialistas lugareños".

 

Veamos como define John Maynard Keynes al "gran economista". Sostenía que"“un gran economista debe ser matemático, historiador, estadista y filósofo. Debe comprender los símbolos y hablar en palabras corrientes. Debe contemplar lo particular en términos de lo general y tocar lo abstracto y lo concreto con el mismo vuelo de pensamiento. Debe estudiar el presente a la luz del pasado y con vista al futuro. Ninguna parte de la naturaleza del hombre o de sus instituciones debe quedar por completo fuera de su consideración. Debe ser simultáneamente desinteresado y utilitario; tan fuera de la realidad y tan incorruptible como un artista, y sin embargo, en algunas ocasiones, tan cerca de la tierra como el político".

 

Si el cumplimiento de las condiciones de esa definición tomara la forma de un tamiz, seguramente un número importante de economistas quedaría atrapado por su fino entramado. Vociferar desde un cómodo sillón que la crisis cambiaria es consecuencia de la inflación sin más análisis, posiblemente tenga un propósito comercial o político que deprime la calidad social de la profesión, más que el de implantar un objetivo de armonía para la comunidad o el de proponer medidas adecuadas para repeler las crisis de estas latitudes (sin caer en la típica receta global). Quien lo hace, seguramente quedaría atrapado en nuestro hipotético "colador" keynesiano.

 

Las recomendaciones solapadas de comprar dólares todo el tiempo, incluso cuando sobrepasó la barrera de los $10 en el mercado paralelo de la Argentina, deberían ser pasible de alguna forma de castigo. Como esa sanción no es posible cuando se hacen inferencias sobre fenómenos sociales altamente cambiantes y sumamente complejos por la infinidad de interacciones que lo determinan, supone aceptar que cualquier aseveración pocas veces implica certeza absoluta y que su utilización requiere prudencia y responsabilidad entre los interlocutores.

 

Sostener que después de octubre "plagas bíblicas" recaerán sobre los argentinos (devaluación, inflación, corrupción y más) y comprometerán nuestro futuro, resume el armado de una mirada superficial de los acontecimientos con el objetivo definido de transmitir miedo e inmovilización. Si bien otros callan, les recuerdo que un Legislador de la Nación dejó en claro su deseo de que la economía no se recupere hasta octubre.

 

A partir de una mirada más académica, el filósofo Edmund Burke afirmaba que "no es inteligente mirar demasiado al futuro, nuestra capacidad de predicción es pequeña, nuestro dominio sobre los resultados es infinitesimal. Es por tanto la felicidad de nuestros contemporáneos lo que debe constituir nuestro principal interés; debemos ser muy cautelosos al sacrificar un gran número de gente por un fin contingente, por muchas ventajas que puedan aparecer//…//

 

No podemos saber nunca lo suficiente para elegir lo que más convenga". Burke nos dice que debemos ser responsables al momento de esbozar tecnicismos, condicionados por oleajes de intereses, emociones e ideales particulares. Keynes siempre elogió a Burke, su definición literal del "gran economista" es consistente con su línea de pensamiento.

 

 

 

Publicado el 24/6/2013