El retorno a una economía de mercado

RCastineira

Por Ramiro Castiñeira*

Después del alejamiento temerario de los últimos años y, a la luz de lo ya recorrido por el nuevo Gobierno, volver a una economía de mercado no asegura el éxito, pero evita el fracaso.

 Los últimos años Argentina se había alejado temerariamente de una economía de mercado. Impuso un estricto control de cambios, del comercio exterior, e incrementó notoriamente la regulación de precios en varios sectores de la economía. También profundizó a máximos históricos el atraso del dólar como de las tarifas. Como si fuera poco, en 2014 el Gobierno entró en un nuevo default de la deuda pública, lo que terminó por configurar una economía que se cerraba a pasos acelerados comercial y financieramente.

Las señales de precios dejaban de operar, generando una notoria disociación de los precios internos con el resto del mundo. Sin precios no hay mercado, y sin mercado, no hay inversión privada. El gasto público fue el único motor para sostener el consumo interno, y para ello se elevó año a año hasta alcanzar un récord histórico de 44% del PBI en 2015, entre nación, provincias y municipios.

Sólo en los últimos 5 años el gasto público consolidado se elevó en 10% del PBI (de 34% a 44%). Pese a la presión tributaria récord (38% del PBI), el creciente déficit fiscal llegó a 6% del PBI y se financió principalmente con emisión monetaria, uso de reservas, y a lo último, se empezó a tomar deuda con China.

No es la primera vez que Argentina pisa dólar, tarifas y cierra su economía para contener una inflación que le genera la monetización del déficit fiscal, agravando el cuadro macroeconómico de partida e incubando una crisis.

Pero como era de esperar y tal como pasó en las anteriores oportunidades, en todo este periodo la economía no sólo no creció, sino que se agotaron todos los flujos (fiscal y externo), casi todos los stocks (energéticos y reservas del BCRA), se empezó a tomar deuda (China), e incluso el BCRA se animó a vender los dólares que ya no había. Creció la pobreza al 29% y el desempleo 9,4% a fin de 2015, según la UCA (2016).

En pleno siglo XXI, Argentina repetía su propia historia con recetas no sólo anacrónicas para el nuevo milenio, sino que sólo conducen al fracaso. Recetas que el mundo las abandonó para salir de la crisis del ´30, y de manera generalizada tras la caída del muro, a fin de los ´80. En todos los países y cada uno a su ritmo, lo cierto es que cada vez hay más libertades económicas e individuales, no menos.

Volver al futuro

 El nuevo Gobierno desde el primer día comenzó a revertir el derrotero de decisiones que cerraban aceleradamente la economía, lo que permitió desactivar una crisis económica en puerta, además de abandonar prácticas económicas que para casi todos los países quedaron en el siglo XX.

Para ello unificó y libró el mercado de cambios, eliminó toda restricción al comercio exterior que no permita la OMC, se eliminó todo tipo de regulación de precios y se inició una quita parcial de subsidios, con su consecuente suba de tarifas de los servicios públicos. En lo financiero, finalizó el default de la deuda pública al pagar la sentencia, se puso al día con los intereses atrasados (2014/15) y además liberalizó las tasas de interés del sistema financiero.

En sólo un semestre, el nuevo gobierno inició el retorno a una economía de mercado. Pero pese a todas las medidas, recién se está en la meta de partida. En 2016 la economía argentina está en plena transición donde no empuja ni el gasto público, ni tampoco la inversión privada, emblemas del viejo y nuevo modelo, respectivamente. Este año la actividad caerá cerca de 2% del PBI, poniendo en evidencia que el Estado deja de usar el gasto público para sostener el nivel de actividad, como también refleja que la inversión privada todavía no tomó la posta.

Ahora bien, cabe esperar una respuesta favorable de la inversión privada a medida que se avance con resultados que permitan impulsarla: Entre ellos se destacan bajar la inflación, la tasa de interés, la presión tributaria, el déficit fiscal, el costo de logística, el costo laboral, además de dejar libres los precios, entre ellos el dólar. También fortalecer la institucionalidad de la economía, donde no mentir ya es (increíblemente) un gran avance, además de respetar las sentencias judiciales y acuerdos internacionales. Y no obstante todavía no se sale del trazo grueso del rumbo a retomar. Rumbo que el mundo hace décadas inició.

Para mitigar los riesgos y costos sociales que conlleva sincerar la economía, el Gobierno se apoya en el crédito externo y en el blanqueo, para traer dólares y regular el ritmo del consumo y nivel de empleo, mientras se avanza en la agenda que promueva la inversión privada. Agenda que llevará más de un semestre dado el punto de partida.

El desafío que se presenta es no caer en el vicio de dilatar la agenda por delante, y transformar la deuda pública en el nuevo motor de crecimiento, con la excusa de que todavía se está cruzando el río.

En definitiva, volver a una economía de mercado no asegura el éxito, pero asegura evitar el fracaso, lo cual no es poco.?

*Director de Econométrica

Publicado el 14/6/2016