El atraso cambiario vuelve a la escena económica argentina

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Si bien la discusión comenzó hace un tiempo dentro de la Administración Macri, en los últimos días aumentó su intensidad. Política monetaria dura para combatir la inflación parece ser hoy la idea firme motorizada desde el Banco Central. Mientras los industriales salieron a recordar lo que nadie olvida: que las tasas altas hacen que los mejores negocios sean los financieros, un estudio de la Universidad de Belgrano muestra un atraso cambiario importante desde diciembre de 2015 hasta febrero de este año. Con esto tampoco brilla tanto el negocio de la soja, con precios bajos, insumos altos, clima en contra y retenciones que todavía son del 30%.

 

La controversia sobre cuál es el tipo de cambio de equilibrio es parte del folklore económica argentino, sin que nunca quede bien claro cuándo el valor del dólar contra nuestro peso está demasiado alto o muy retrasado.

Hace tiempo que, dentro de la Administración Macri, se ha instalado el tema, primero en forma incipiente ante un dólar que, después de la devaluación no "reaccionaba" al ritmo esperado por la exportación, después porque quedó prácticamente planchado y, en los últimos días, con claros retrocesos.

Aunque pudo escucharse tímidamente desde el gabinete económico alguna defensa de la situación, apelando a la conocida tesis de la canasta de monedas de los países con que comercia Argentina (lo que no da tanto atraso), cada vez más se fue dibujando la fortaleza de la política del Banco Central de insistir con la política monetaria dura para contener la inflación, no sin algunos titubeos por cierto.

Así llegamos a esta corta Semana Santa donde Federico Sturzenegger anunció la suba de 150 puntos básicos de la tasa de referencia, hasta 26,25% anual, como resultado de un rebrote de la inflación que claramente fue causado no solo por el incremento de las tarifas y otros precios regulados.

Mientras tanto, se complica la ecuación para el más brillante y redondo negocio productivo de la soja, con insumos que aumentan, menores producciones esperadas por efectos climáticos, precios internacionales del producto en una depresión que va para largo y, sin olvidar, que todavía soporta un nivel de impuesto a la exportación del 30%.

Además, este miércoles, la Unión Industrial Argentina (UIA) advirtió que "la tasa de interés alta promueve que los mejores negocios sean financieros, lo que aleja a las inversiones productivas. Pero no sólo deja sin empleos a muchos trabajadores porque se cierran fábricas por la baja del consumo sino que expulsa a la informalidad a miles de emprendimientos. Todas variables muy difíciles de recuperar en años", según el vocal de la UIA y presidente de Celulosa Argentina, José Urtubey.

Los industriales ya habían alertado que el atraso cambiario dejó a los productos argentinos con un margen de competitividad inviable para insertarse en el mercado mundial. Pero admitieron que una devaluación no será posible antes de las elecciones de octubre próximo.

Durante febrero, se verificó una nueva desmejora en el tipo de cambio real, que se ubicó 6,7% por debajo del guarismo registrado en enero, según indica el último informe del Centro de Estudios de la Nueva Economía (Cene) de la Universidad de Belgrano.

Con esto, el atraso cambiario acumula ya un 26,5% con relación al tipo real de cambio vigente en diciembre de 2015, agrega el informe que lo calcula tomando la evolución del tipo de cambio hasta el presente, a la que se le agrega la inflación en los Estados Unidos, medida por el índice de precios al productor; finalmente, se divide por la evolución del Índice de Precios al Consumidor de la Ciudad de Buenos Aires para el rubro servicios.

Mientras que la inflación "made in USA" mide la pérdida de poder adquisitivo del dólar en origen (que por su uso generalizado como moneda de cambio, ese país "exporta" inflación),  la inflación argentina en servicios marca  la pérdida de valor del peso en términos de los bienes no comercializables.

El deterioro cambiario se registra toda vez que la evolución de la cotización del dólar, más la inflación en aquel país, se encuentren por debajo del incremento verificado en el índice de precios de los servicios. Ello implica que los costos de los bienes producidos en la Argentina aumentan en mayor proporción que lo hace el tipo de cambio aún corregido por la inflación estadounidense.

Publicado el jueves 13/4/2017