Argentina aumenta alícuotas arancelarias de importación a cien productos

La medida está comprendida en la Decisión del Consejo del Mercado Común del MERCOSUR como respuesta a la crisis internacional. Escribe Lisandro Mogliati*

 

El día miércoles en el Boletín Oficial, apareció finalmente publicado el Decreto 25/2013, que no hace otra cosa que internalizar la Decisión Nº 39 del 20 de diciembre de 2.011, adoptada en la ciudad de Montevideo por parte del Consejo del Mercado Común del MERCOSUR que autoriza a los Estados Parte a elevar, transitoriamente, alícuotas del impuesto de importación por encima del Arancel Externo Común (A.E.C.) para ciertos productos originarios de extrazona (es decir que provengan de países que no integran el bloque regional).

La selección de los productos cuyo arancel es aumentado hasta el límite máximo que prevé la OMC (Organización Mundial de Comercio), establecido en un 35 % de su valor en aduana, queda a criterio de cada uno de los países miembros del MERCOSUR y sólo pueden incluirse en ese listado, un máximo de cien posiciones arancelarias (que es la codificación que recibe cada mercadería para su clasificación y valoración en Aduana).

Este aumento de los derechos de importación es una excepción al AEC (arancel externo común) que fija el Tratado de Asunción que en 1991 dio vida al MERCOSUR y que oscila entre el 0 y el 20 %, para gravar con ese impuesto a los productos originarios de países no miembros y como se trata de una excepción, tiene una vigencia limitada de un año, prorrogable por idéntico período.

Un dato alentador respecto del formato de esta Decisión del MERCOSUR, es su consenso y adopción como bloque y el carácter regional de la medida, superando así una constante de los procesos de integración regional, que en coyunturas de crisis, propendían a erigir barreras unilaterales al ingreso de manufacturas extranjeras, perforando así los acuerdos regionales.

Entre los productos elegidos por la administración nacional, encontramos una variada gama de manufacturas que van desde alimentos, partes para la industria del calzado, motocicletas, neumáticos, cerámicos, manufacturas de hierro y aluminio, motores, anteojos y juguetes entre varios otros productos, esta variedad no permite inferir a priori, una estrategia de protección específica de determinadas ramas de la industria nacional, sino, según información de quienes participaron de las arduas negociaciones sobre los productos incluidos en el listado, responden a reclamos puntuales de empresas que sufren una avalancha importadora que pone en riesgo la producción nacional y las fuentes de empleo.

La excepción al arancel común y el aumento del 35 % de la tarifa externa a ciertos productos, complementa la política sustitutiva de importaciones y suma una nueva herramienta al comercio exterior administrado con fuerte intervención estatal que ya cuenta con otras variantes, como la aplicación de LNA (licencias no automáticas) y la DJAI (declaración jurada anticipada de importaciones) que dificultan el ingreso de manufacturas extranjeras, situación que en paralelo a la industrialización por sustitución de importaciones, limita la salida de divisas, manteniendo el superávit comercial  que en 2012 fue de 12.690 millones de dólares, casi un 27 % superior al cierre de 2011, como consecuencia principalmente de una baja sustancial del flujo importador, dado que, por efecto de la crisis internacional se redujo la demanda de manufacturas de origen industrial argentinas en el mundo, sumado a una menor comercialización externa del complejo sojero (a raíz de una menor producción por la sequía), por tanto, las exportaciones argentinas se redujeron considerablemente en el último período.

No obstante las críticas que esta medida “proteccionista” está recibiendo por parte de algunos sectores conservadores que pregonan una mayor liberalización del comercio internacional, su instrumentación es razonable en este contexto mundial donde los países pugnan por colocar sus saldos exportables y en paralelo esgrimen estrategias de protección a su industria nacional que en algunos casos no es explícita (como elevar aranceles), sino que aducen por ejemplo, restricciones de índole sanitaria o de seguridad alimenticia, montando así mecanismos distorsivos del comercio exterior, frenando importaciones con efectos más masivos que un arancel o una medida vinculada a la administración del comercio exterior como la que realiza la Argentina.

Acerca de este tema, escribía una nota algunos meses atrás en mi blog http://lisandro-mogliati.blogspot.com.ar/2012/06/g-20-el-compromiso-por-un-menor-nivel.html, comentando la reunión en México de los países del G-20, donde señalaba que “La decisión tal vez más categórica e inaplicable (¿irrisoria?) en este contexto mundial del G-20, es el acuerdo para extender hasta 2014 el compromiso de no adoptar medidas proteccionistas, que profundicen la crisis internacional y se conviertan en un mecanismo que desencadene una nueva recesión mundial”

Decía también que “evitar la aplicación de medidas de protección es querer tapar el sol con la mano, en un plano de severa crisis internacional donde la demanda europea de manufacturas importadas se viene derrumbando y la producción mundial tiene a los miembros de la Unión Europea como principales clientes que ya no pueden comprar mercadería, abre una ventana para el redireccionamiento de ese saldo que deja de importar la U.E y América Latina aparece como destino inevitable, donde la crisis mundial aún no ha impactado con la intensidad que lo ha hecho en Europa.

Esto posibilita que una gama incalculable de manufacturas (especialmente las que se producen en el Este Asiático) busquen nuevos destinos y con precios competitivos con capacidad de devastar muchas ramas de la producción nacional del país que abra su economía e importe sin restricciones”.

Lo que anticipaba como seguro fracaso de esa recomendación “irrisoria” por parte del G-20, tendiente a evitar la profundización del proteccionismo comercial, se está dando, no sólo por esta medida del MERCOSUR que es puntual y sus efectos los desconocemos aún, sino porque la mayoría de los países con algún grado de desarrollo industrial (sea incipiente o estructurado) siguen erigiendo o fortaleciendo barreras a las importaciones y justamente el aumento de determinadas alícuotas como excepción al arancel externo por parte del MERCOSUR, responde al mismos criterio “proteccionista” y denota el fracaso rotundo de los organismos internacionales, como la OMC, el FMI y hasta el propio Banco Mundial con su pregón de “liberalización comercial”.

También fracasa, lamentablemente, la consigna que impulsa el G – 20 como foro internacional, propugnando la misma receta de los vetustos organismos internacionales, aconsejando una impracticable apertura comercial como elemento de morigeración de la crisis, soluciones de un liberalismo económico anclado en esquemas financieros que postergan la economía real, la producción y el empleo genuino y que ha llevado al mundo en su conjunto (particularmente afectando a los países desarrollados) a sumirse y profundizar una crisis que cada vez se torna más estructural y menos salidas virtuosas se avizoran en el corto plazo.-

*Lic. en Gestión de Negocios Internacionales
Fac. Ciencia Política y RR.II
U.N.R